Recitales

Metallica y La Renga en Córdoba

1 Comentario 28 January 2010

Metallica y La Renga en Córdoba

    Sobre cómo ser crónicamente infiel a dos hombres inmensos: James Hetfield (cantante de Metallica) y Gustavo “Chizzo” Napoli (cantante de La Renga). 

    De pronto siento un cachetazo en la nuca, y es la semántica que me persigue de nuevo: Quise decir que no pude hacer las ansiadísimas crónicas de Metallica (24 de enero, Orfeo Superdomo) ni la de La Renga (23 de enero, Anfiteatro José Hernández de Jesús María). Me sentí infiel como seguidora, periodista y fisioterapeuta frustrada (nada que ver, pero quería compartirlo).

  Ya venían rengueando mis planes de ir a cubrir La Renga y  por mayores que fueron mis intentos, no pude ir a su recital y ver cómo vienen arrastrando miles de seguidores por el país, polvareda, una trayectoria de 22 años, cadenas y cuerdas criollas de este metal nuestro, y que llenan los lugares en los que estén. Como sucedió de hecho en Jesús María con 25 mil espectadores.

  Esperando mi pase de Prensa, fui a la opción dos e intenté en vano convencer a la gente del Festival de Jesús María (con quienes trabajé el año pasado) de que porfis me dejaran pasar para cubrir la nota, como china trasnochada con ansias de metal y con fines periodísticos, claro está.

   Como era de esperarse tuve una respuesta casi con sorna y que dejaba traslucir una especie de extraño alivio de su parte: “Esta es una producción de Nueva Tribu, no nuestra”, y tuvo el tono de guarda que te come el león.

  Mi opción tres, como hace cualquier hijo de vecino* (*quiero conocer al vecino este que siempre lo nombran), era  pagar la entrada para ver a Gustavo “Chizzo” Napoli y su grupo, pero algo en el nombre hizo que no me motivara mucho…O no sé qué fue en realidad.

    La cuestión es que no fui, pero me es imposible no pegarme el viaje de pensar cómo habrá sido el pogo renguero en ese predio tan amplio, donde ellos “despidieron su disco Truenotierra, lanzado a fines de 2006” pero con una eterna bienvenida a nuevos acordes. (+ info http://www.lavoz.com.ar/10/01/24/secciones/ciudadanos/nota.asp?nota_id=585698 ) 

  Quizás, también, fue que no podía superar la idea de pasar por lo mismo para verlo al gringo James Hetfield  a quien, después de un doloroso sold out de diez mil entradas en ocho horas , tampoco iba a poder ir a ver, como le pasó a cientos de fanáticos de todo el país.

  Pero debo reconocer que sí lo vieron a él y a  su banda estas diez mil almas con el jean gastado de esperar desde el primer aviso (confirmado o no, no les importaba, como suele pasar con los sueños que están por darse),  para que se haga la justicia de poder verlos en la Docta y dejar de luchar con eso de que Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires. ¡Aguante el Metal, carajo, sus horas/culo por una entrada, sus banderas, remeras, tatuajes y discos que acompañan biografías de estos chicos y no tanto! (+ info http://www.rollingstone.com.ar/nota.asp?nota_id=1225819)

  Conclusión, vestida de china trasnochada, bebiendo whisky in the jar tratando de olvidar a Hetfield y suspirando por el diablo de La Renga, ese que quedó en la esquina de su barrio, tomé una decisión:

  No me iba a perder la segunda y última noche del Carlos Paz and Love.

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1 comentario

  1. Rbq says:

    Al hijo del vecino, o al vecino… no tengo el gusto. Con respecto al Chizzo… abre un sin fin de preguntas que mejor no preguntar… Al fin y al cabo, de carne somos.


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