El 7 de noviembre Kapanga presentó su último disco Todo Terreno en el boliche El Establo, en Jesús María. A las once y media de la noche arranca la banda soporte local, Rompe Oions. “Oions” significa “huevos” en furlán (friulano) según fuentes*. (*Flaco entusiasmadísimo que no para de saltar, me explica y me señala una bandera pintada con el nombre de la banda y un pollo dibujado).
A ver si nos ponemos de acuerdo. La objetividad no existe, no la pretendo y menos con Kapanga. No se puede ni se debe. He dicho.
Eran seis los integrantes, con clarinete, acordeón a piano, guitarra, bajo y demás, con sus boinas e impecables chalecos, haciendo fusiones potentísimas de tarantela, ska y cuartetazo. Cumplieron e hicieron entrar en calor a El Establo para recibir a nada más ni nada menos que al músico ligero, el Universal, el único (redoblantes)… Martín “Mono” Fabio y toda la monada.
A las 02.25 de la mañana empieza a sonar la música de los Expedientes X y arranca Kapanga con Fumar. El Mono tocándose el pecho dice “Si es más buena que la lechuga… ¡y hace crecer las tetas!”, típico cierre del chiste con guitarra y platillos, como en una especie de stand up (comedia) criollo…
Sigue el show con El rock de la cárcel (sí, el de Elvis Presley) y a lo largo de la noche, también tocaron desde el himno Stone Satisfaction a Seminare…
Es que una marca registrada de Kapanga son esos homenaje-repudio-cover-festejos que hacen en cada una de sus presentaciones y son históricos…Imposible olvidar sus versiones de Mambrú, Las divinas y las populares de la serie Patito Feo, Miranda! y demás…
Con quien no se jode es, como corresponde, con La Mona Jiménez y tiene un lugar casi sacro en el compilado Cuchá cuchá, con clásicos cuarteteros como Una mañana, un nuevo sol; Agujita de oro y Amor secreto. Es un cariño pegajoso y pegadizo con Córdoba, mezcla de papel picado, cuarteto, metal y devoción monera.
Sobre las paredes del lugar había dos pantallas gigantes que pasaban partes de su película (también llamada Todo Terreno), imágenes de gauchos zapateando intercaladas con tomas de los mocasines y medias blancas de un eternamente celebrado Elvis. Fotos de ellos y el “pogómetro”, un gráfico que marcaba con amarillo y rojo los niveles de descontrol kapanguero. Y marcamos el máximo varias veces. El universal (perdida de noción de todo), Mesa 4, Miro de atrás, Un lugar, Ramón (creo que me fisuré el tabique), Taberna, Quieren rock (de Intoxicados), Bisabuelo, Contramano, En el camino, Miro de atrás (del último disco), Me mata, El mono relojero (ya reventado el pogómetro), Desearía, y me quedo corta con la lista…
Tremendo recorrido no es casual, hacía más de 10 años que no iban a Jesús María y el Mono aseguró que se sentían en deuda.
Ya al cierre, la gente saltando, el Mono sacando lengua de costado y haciendo el pasito con las caderas que hace La Mona, el pogómetro a full, yo bañada en cerveza, la garganta hecha pelota, me agacho a buscar una moneda del piso para llevármela de souvenir y veo a veinte monos (nunca mejor dicho) buscando en cuatro patas las púas que había tirado Miguelito Campos (guitarra y coros)…Ya nos vamos todos, previa invocación al Gauchito Gil que hace siempre el Mono, y yo le pido a San Elvis que me avise cuando vuelvan, y que no tengamos que esperar mucho el retorno del músico ligero.
Fabiana Osorio Perez
El 7 de noviembre Kapanga presentó su último disco Todo Terreno en el boliche El Establo, en Jesús María. A las once y media de la noche arranca la banda soporte local, Rompe Coions. “Coions” significa “huevos” en furlán (friulano) según fuentes*. (*Flaco entusiasmadísimo que no para de saltar, me explica y me señala una bandera pintada con el nombre de la banda y un pollo dibujado).
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